El terremoto que esta semana deja más de 270 muertos en Colombia es, una vez más, un recordatorio de algo que sabemos pero rara vez aplicamos con la constancia debida: la prevención sísmica no es un gasto, es una inversión que salva vidas.
República Dominicana está en una región sísmicamente activa, y los avances de instituciones como Onesvie, que ya suma más de 4,100 evaluaciones de edificaciones y puentes en todo el país, van en la dirección correcta. Pero esas cifras solo tienen sentido si se traducen en intervenciones reales sobre las estructuras más vulnerables, no solo en diagnósticos archivados.
La lección de Colombia, de Venezuela y de cada sismo que sacude la región es la misma: la preparación no puede esperar a la próxima tragedia. Como bien lo resumió el propio director de Onesvie, ningún país puede considerarse completamente listo para un terremoto de gran magnitud. Precisamente por eso, la tarea de fiscalizar, reforzar y educar a la población debe sostenerse como política de Estado, no como reacción de coyuntura.
Desde esta redacción insistimos: invertir en prevención hoy es la diferencia entre un susto y una tragedia mañana.